Palabras del Apóstol

Enseñanza 3 de 11

El ayo regresa a casa

El niño crece. El guía se va a casa, no porque fracasó, sino porque terminó.

“De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.”

Gálatas 3:24

En las ciudades griegas y romanas, las familias ricas tenían un siervo que llevaba al niño a la escuela, le tomaba la mano al cruzar la calle y lo corregía. Cuando el niño crecía, el siervo regresaba a casa. Nadie estaba enojado con él. Su trabajo había terminado.

La ley fue nuestro ayo

Pablo usó esa imagen. La palabra es παιδαγωγός paidagōgos: el guía de un niño. Y en el versículo siguiente dice:

Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo.

Gálatas 3:25

¿Para qué se dio la ley?

“Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente” (Gálatas 3:19). La ley es como un espejo: te muestra la mancha, pero no te lava. Solo Jesús lava el pecado.

Hijos, no siervos

“Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3:26). Un siervo vive con miedo de equivocarse. Un hijo sabe que es amado, aun en un mal día.

La meta

Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.

Romanos 10:4

“Fin” es τέλος telos: la meta y la línea de llegada. La ley siempre corría hacia Jesús.

Libres de su poder

“Ahora estamos libres de la ley” (Romanos 7:6). La palabra καταργέω katargeō significa hacer que algo deje de funcionar, como apagar un interruptor: la bombilla sigue ahí, pero ya no tiene poder sobre el cuarto.

Esto no significa vivir sin ley. Servimos “bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra” (Romanos 7:6). Las reglas te dicen qué es bueno. Solo el Espíritu te da el corazón para hacerlo.

Recuerda esto

La ley fue un ayo que llevó al pueblo de Dios a Jesús. Ahora que vino la fe, el ayo regresó a casa, y el Espíritu nos guía desde adentro.